Homenaje al Dr. Bo-Hi PAK

domingo, 4 de febrero de 2007

LA FILOSOFIA DEL MATRIMONIO DEL DR. PAK


MI BODA
(Un relato tomado del libro "Messiah" del Dr. Bo Hi Pak)

Después del entierro de mi madre los hombres de nuestro clan convocaron a un consejo familiar antes de mi regreso a Kwangju. Mi tío, que era el miembro sobreviviente de más edad de nuestro clan y mi padre, lideraron el encuentro. En la reunión mi tío dijo: “Bo Hi, tú eres el hijo mayor de esta familia. Ahora que tu madre se ha ido depende de ti la asistencia a tu padre. Yo creo que sería una buena idea para ti tomar una esposa.

Mi madre, más que ninguna otra persona, era quien deseaba verme casado. Ahora con su muerte devolvió el ímpetu al clan de empezar a considerar el tema seriamente. Me sentía desdichado con este giro del destino, pero no puse objeciones para que siguieran con el curso de la proposición de los mayores del clan.

Tenía 24 años de edad, según el modo de contarlos en coreano. Aún era joven para estar pensando seriamente sobre el tema de contraer matrimonio y aún no había conocido a nadie como para que yo quisiera que un día fuera mi esposa. Me quedé sin decir nada ante ese deber de primer hijo de hallar esposa y así asistir a mi padre quien ahora estaba solo en el mundo.

Mi tío me formuló la siguiente pregunta directamente: “Entonces, ¿Está todo bien con la decisión del clan de encontrarte una novia?” Vacilé un instante pero respondí: “Sí, por favor hagan todo lo que ustedes crean que es lo mejor.” Y con esas palabras yo me dispuse a regresar a Kwangju.

Todo esto tardó menos de dos meses. En ese entonces las noticias venían por carta. Esta decía: “Tú has sido prometido en matrimonio y esto ha sido teniendo en cuenta los “cuatro pilares de la fortuna” (los cuatro pilares de la fortuna son el año, el mes la fecha y el día de nuestro primer cumpleaños. Aún hoy es común para un hombre, proveer esta información a la familia de la novia para que los correspondientes numerólogos puedan consultar sobre el destino de la pareja)
Yo pensé- “¿Qué? ¿He sido comprometido? Estaba muy sorprendido pero no pensé mucho sobre ello para calmarme a mi mismo. Después de todo era lo que yo había estado esperando. Y tenía mis propias ideas con respecto al casamiento. Creía que la mejor cosa que podía hacer era actuar de acuerdo con los deseos de los mayores del clan. Mi filosofía del matrimonio era como sigue:

Yo creo que para cada uno de nosotros hay alguien particular y especifico, que ha sido preparado por los Cielos desde el tiempo de nuestro nacimiento. No importa si conocemos a esta persona a través de un experto en formar parejas o de otro tipo de arreglo, nosotros estamos destinados a reunirnos con esa persona. Este "emparejamiento" está hecho en los cielos y la relación se concreta en la tierra. Como hombre soy responsable de hacer feliz a una mujer en particular. Antes de casarme estaba esperando por esa mujer única a quien yo quería aún en mis sueños y que deseaba que se me apareciera de una vez.

Esa es la mujer que el cielo ha escogido para mí. Cuando conozca a esa mujer yo pensaré en ella como el tesoro más grande de mi vida, que me ha sido otorgada por el Cielo y deseo humildemente inclinar mi cabeza y aceptarla.

En mi caso, mi tío y mi padre trabajaron con los otros mayores del clan para encontrar esa mujer para mí. Yo no la había visto aún ni siquiera su fotografía. De hecho, aún no se me había dicho su nombre. Sin embargo, ya estaba involucrado y ya conocía a esa mujer que me había sido destinada desde siempre para conocerla.

Algunas personas me han preguntado: “¿Cómo es posible que un hombre moderno como tú, que hasta has estado en América, pudiera aprobar un matrimonio de un modo tan arcaico en su elección?”

Así es como respondo a esa gente: “¿Cómo puedes tú hablar con alguien luego de tan solo mirarlo?” “Creo que el mejor modo para que una persona pueda ser feliz es creer que es el Cielo quien quiere darte la certeza de que tú recibirás a alguien, y que ese alguien es el mejor para ti.”

Las personas jóvenes en la actualidad quizás tengan dificultades para poder entender esto. Ellos quizás me acusen de pertenecer a la Edad de la Piedra. Sin embargo observemos algunas cosas. En América los hombres y las mujeres generalmente pueden ir conociéndose durante un considerable período de tiempo y es esa su seguridad de que una persona en particular es la persona correcta con la cual casarse. Aún hoy cerca de la mitad de los matrimonios terminan en divorcio. En California el índice de divorcios es del 75%. En otras palabras, una cantidad de personas están eligiendo una persona equivocada como cónyuge. ¿Por qué es que tantos matrimonios caen en la separación, a pesar de que hombres y mujeres inviertan tanto tiempo y esfuerzo en sentirse seguros de que su elección es la correcta?

Esto es porque están haciéndolo de un modo erróneo en el tema más fundamental. La mayoría de las personas eligen como esposa (o esposo) a aquellos que creen le van a brindar más felicidad. Por eso no importa todo el cuidado que pongan en la elección de su pareja, eso no los puede ayudar, porque de alguna manera creen que debe ser posible un gran grado mayor de felicidad. Siempre en algún lugar habrá un hombre mejor o una mujer mejor, nunca van a estar totalmente contentos con su elección. Un esposo comenzará a comparar a su consorte con otras mujeres. El la colocará a ella en una escala y comenzará a tener dudas sobre si hizo o no una elección correcta.
La relación que se concreta en la tierra (como consecuencia del Cielo) me permite a mí formar con la señorita Ki Sook Yoon, una joven mujer que ha sido criada con cuidado por el clan Papyung Yoon del distrito Yum-Ti en el condado de Ah-San, un matrimonio. La mujer que ha de ser mi esposa ha sido escogida pero aún no sé nada de ella, más allá de los tres caracteres que forman su nombre. ¡Este es realmente un modo muy excitante de vivir! ¡Hay un drama en mi vida!

Me senté y escribí una carta para mi futura esposa. La elogié y le agradecí a ella por su valor al aceptar el compromiso aún incluso sin conocer al hombre que sería su esposo. Y entonces yo le prometí que le demostraría un nivel de fe tan fuerte como el suyo. Le conté a ella que fue mi pareja desde la eternidad, con quien Dios en el Cielo me había bendecido y que por esto yo la tomaría por esposa con el propósito de brindarle felicidad. Finalmente le conté que esperaba conocerla en un futuro cercano y que comenzaría a desarrollar un profundo amor día a día, incluso antes de nuestro matrimonio.

Francamente, no era fácil tener una prometida y cerrar los ojos sin poder visualizarla. Le conté sobre esto a mi oficial superior, le hablé sobre mi compromiso y recibí unos pocos días de licencia para salir. Con muchos nervios me dirigí al hogar de mi futura esposa, que es el hogar del señor Chang Hee Yoon, en Yum-Ti. Sin embargo yo no les informé con tiempo sobre mi llegada.

Mi futuro padre político me recibió con mucha cordialidad en su sala estar. Quedé instantáneamente impresionado con su calidez e inteligencia. Estaba claro que el era un hombre de mucha cultura.

“Me gustaría agradecerle,”- comencé- “por permitirle a alguien tan poco suficiente como yo, que tome la mano de su hija en matrimonio. El compromiso ya ha finalizado, por lo tanto creo que estaría bien para ambos conocernos hoy y así comenzar el proceso por el cual nos conoceríamos uno al otro y así construir el nivel de confianza entre nosotros antes del matrimonio. Yo pido con humildad permiso para esto.”

Yo esperaba que de inmediato se me llevara a una habitación más privada en el fondo de la casa. En vez de ello se me pidió que esperara. Luego de un momento, me llevaron un almuerzo a la sala donde me encontraba esperando y me sirvieron la comida y bebida. Yo estaba comenzando a preocuparme de que quizás no podría conocer a mi prometida aquel día.

“¿Podrá ser que ellos se hubieran enojado por haber venido sin previo anuncio?” Mis motivos eran realmente puros, pero ¿Podía ser que ellos no lo supieran? Toda clase de pensamientos venían a mi mente y yo continuaba solo esperando. Sin embargo de pronto descubrí que yo no tenía nada por que preocuparme. Desde su punto de vista yo era un invitado muy importante que había venido sin darles la posibilidad a ellos de prepararse. Antes de recibirme debían tener la seguridad de que la casa estaba completamente limpia y ordenada. Por lo tanto, estaban muy ocupados y por eso me hacían esperar. Creo que debí esperar por lo menos dos horas. Finalmente alguien vino y me indicó otra habitación.

Allí vi por primera vez la hermosa princesa a quien desde hacía tiempo yo quería conocer. Ella usaba un brillante y colorido vestido tradicional coreano y me saludaba con una sonrisa. No había pensado qué decir en ese instante y me quedé sin palabras.

“Por favor siéntate”- dije finalmente.

Al principio fue un poco incómodo. No recuerdo bien qué fue lo que dije. En realidad era una situación donde las palabras eran todas superfluas. Era suficiente con poder mirarnos el uno al otro. Mi amada mujer apenas si pronunció palabra alguna aquel día. Cuando fijé mi mirada en su rostro ella se sonrojó e inclinó su cabeza un poco. Yo no podía continuar así. Tuve que comenzar a hablar algo sobre las propiedades.

“Yo te dejaré ahora”- le dije a ella. “Ahora que finalmente nos hemos conocido te escribiré cartas con frecuencia. Espero que tú las responderás tan rápido como puedas.”

Cuando estaba parándome para partir mi amada me dio algo envuelto cuidadosamente en un pañuelo que tenía bordado la palabra “Felicidad”. "Te escribí una carta”- dijo ella. Y sostuvo el pañuelo para darme con sus manos el envoltorio y fueron las manos más delicadas y hermosas que jamás había visto.

“Traje una cámara”-dije. Tomemos una foto en el patio trasero. De ese modo nosotros podremos recordar el rostro de cada uno.”

Fuimos al patio trasero y tomé varias fotografías con la cámara que yo había comprado en los Estados Unidos. Mantuve esas fotos seguras en mi billetera hasta el día de nuestra boda.

Agradecí sinceramente a mi padre político por haberme permitido esto y partí. Mi amada no me siguió hasta la puerta de salida. Esto me hizo sentir un poco triste, ya que me hubiera gustado ver una vez más a mi amada antes de partir, y comencé a caminar por el camino hacia abajo para ir a Onyang.

Más tarde, ella me dijo que inmediatamente después de que partí ella corrió tan rápido como pudo para ir a la ventana de la habitación desde donde ella podía verme y que me siguió con la mirada hasta que desaparecí de su campo visual.

Había encontrado a mi esposa ideal. En realidad me había sido concedida por el Cielo. Sus ojos eran tan claros con el fresco y fino polvillo de nieve que cae. Su semblante exhibía la pureza de alguien que no ha conocido nada de los problemas del mundo. Su piel recordaba las amorosas flores blancas al amanecer. Tenía 21 años y había sido criada por un padre muy estricto que le enseñó a ella a convertirse en una esposa virtuosa y en una madre ejemplar.

Después de regresar a Kwangju comencé a escribirle una vez por semana. Ella me escribió varias veces también. Las palabras no pudieron expresar el entusiasmo con el que yo solía esperar la llegada de sus cartas. Seguimos así por varios meses.

El 29 de noviembre de 1953 nos unimos en matrimonio en una ceremonia realizada en el auditorio de su madre en Onyang. El reverendo Shin Myung Kang de la Iglesia Cristiana fue quien presidió la ceremonia. Ambos habíamos insistido en tener una boda de estilo cristiano. La única variación fue que una gran bandera coreana colgaba de una pared al frente de la sala y que yo usé mi uniforme militar. Mi país y mi posición como soldado fueron dos cosas que fueron partes inseparables de mi ser. Esto fue reflejado claramente en los arreglos de nuestra boda.

“Si sólo mamá hubiera vivido para ver este día. Ese fue mi único pesar. No podía detener las lágrimas que brotaban de mis ojos. Yo dudo de que alguno de los invitados pudiera entender por qué el novio pasó enjugándose las lágrimas de sus ojos durante toda la ceremonia.

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UNA MUJER EN LA CAMA
(Un conmovedor relato tomado del libro del Dr. Bo Hi Pak "MESIAS")


La guerra es algo cruel. Está completamente llena de situaciones imprevisibles. Puede llevarte al paraíso en la tierra y al instante transformarlo todo en un infierno viviente. En la guerra no hay garantía de que vivirás para ver un nuevo día. Por otra parte hay cosas que probablemente sólo pueden ser apreciadas en tiempos de guerra - en particular el sentido de la vida humana.

La vida de un hombre en la guerra no es más segura que la de una mosca. Cada día mueren personas y la muerte se vuelve una norma. Por otro lado, te lleva a entender que no hay algo tan tenaz como la vida humana. Algunas personas parecen capaces de sobrevivir a casi cualquier cosa. Aún si el cielo se cayera, de algún modo se arrastrarían por debajo de los escombros.

A través de mis experiencias en la guerra llegué a entender muy claramente que nuestras vidas están en las manos de Dios. En la mayoría de los casos la guerra transforma a los soldados en “hedonistas de un día”. Porque no hay garantías de que vivirán para ver otro día, y hacen lo mejor que pueden para disfrutar el hoy.

Es en parte por esta razón que en cada guerra a lo largo de toda la historia ha habido abundantes demandas de licor y mujeres. Si hay licor para beber, los soldados lo beberán todo hoy. Si hay mujeres dispuestas para ellos y sus compañeros, los soldados querrán estar con ellas hoy. La guerra coreana no fue una excepción a este sentido.

A dondequiera que se estuvieran movilizando unidades militares, había un contingente de prostitutas siguiéndoles los pasos. La guerra y la prostitución siempre vivieron uno del otro.

Seúl había sido reducida a escombros y no había intentos aún de restaurarla. Sin embargo bares y casas kisaeng (casas de prostitución), estaban comenzando a surgir por todas partes alrededor de la ciudad, a veces usando sótanos de edificios que habían sido bombardeados y otros que eran apenas un poco más que agujeros en la tierra.

Cualquier hogar civil que hubiera sobrevivido de algún modo a los combates en buenas condiciones, era rápidamente convertido en un establecimiento bien abastecido de bebidas, para los soldados y se podían ver algunas mujeres entrando y saliendo de tales lugares.

En cualquier momento que podían los soldados de la línea del frente se hacían una escapada a Seúl y visitaban su bar favorito. Después de unos pocos tragos tomaban a una de las chicas y dormían con ella. Al día siguiente, se colocaban cuidadosamente el uniforme nuevamente y regresaban a la zona de la muerte.

Un día, un oficial superior del Regimiento 28, me ordenó que me subiera a la parte trasera de un jeep. Y no tenía otra opción más que obedecer. Seis oficiales se subieron a dos jeeps y condujeron rumbo a Seúl. El oficial que me había ordenado subir también estaba en el asiento trasero frente a mí.

“Teniente Pak”- me dijo, “¿Ha estado alguna vez en una casa kisaeng?”
“No, señor.” “Yo no.”
“¿Qué? ¿Ni una sola vez? Bueno inocente, no te preguntaré si aún disfrutas de la leche de tu madre. Hoy yo voy a llevarte a un lugar realmente interesante.
“¿Señor?”
“No diga nada. Sólo siéntese atrás y observe.”

De pronto los jeeps llegaron al frente de una casa kiseung en Seúl. Seguí a mi superior al interior de la misma. Los seis oficiales permanecieron en una habitación donde alguien ya había servido una mesa con licor y comida. Seis mujeres que usaban un maquillaje bien cargado, vinieron y se sentaron de tal modo que cada soldado quedó con una de ellas a su lado.

La comida era deliciosa y abundante, y estaba asombrado de que se pudiera encontrar tanto entre las ruinas de Seúl. Cada vez que terminábamos de comer algún plato, nos traían más y más comida. Nos servían whisky, cerveza y el potente sho chu (un fuerte licor que se elabora a partir del arroz) así como toda clase de bebidas alcohólicas que desconocía. Yo nunca pude beber alcohol, por lo cual tuve que ayudarme a mi mismo con la comida.

Después que los otros tomaron varias rondas de tragos, la atmósfera se volvió muy festiva. Se quitaron sus camisas y sus rostros estaban rojos como remolachas. Comenzamos a cantar canciones por turnos. El kisaeng era aparentemente lo bastante bueno como para esta clase de cosas y estábamos pasando un buen rato. Nos olvidamos del paso del tiempo y disfrutábamos de ese momento de felicidad.

Después de un tiempo, el oficial superior me dijo:

“Teniente Pak, tú eres algo así como una chica virgen. Así es la guerra. ¿Entiendes? ¡Guerra! Todos nosotros pase lo que pase en algún momento moriremos. Y es por esto que hoy nosotros vamos a comer, beber y ser felices. Espero que mañana vuelvas a combatir duro. Aquí tienes un trago.”

Me ofreció un vaso y lo tomé. La kisaeng que estaba a mi lado, inmediatamente lo llenó con alcohol. Yo simulé tomar un sorbo y después coloqué el vaso debajo de la mesa. El ambiente estaba llegando a un punto culminante y la palabra que mejor lo definiría es “pandemonium”. Las mujeres kisaeng bailaban para nosotros. Los hombres y las kisaeng se tocaban y bailaban mejilla con mejilla. Después, cuando alguien colocaba sus labios sobre los de una kisaeng, ella se reía a carcajadas con fingida sorpresa. Finalmente el oficial se paró y se dirigió a la dueña de la casa.

“¿Están todas las habitaciones listas?”
“Sí. Las habitaciones ya están prontas.”
“Seis habitaciones, por lo que presumo me dará la seguridad de que todos ellos estarán bien y abrigados.”
“Bien, por supuesto. Usted es uno de nuestros mejores clientes. Usted sabe que espero que vuelva aquí. Sabemos que usted sólo quiere lo mejor.”

Parecía que mi superior era un cliente habitual de este establecimiento.

“Bien, entonces,” - le dijo él a ella- “tomemos las habitaciones.”

Yo seguí a una de las kisaeng a una de las habitaciones que fue la que me había sido asignada. Era una habitación cálida y había en el medio una cama tendida. La kisaeng comenzó a hablarme con una voz muy afectuosa.

“Comienza, sácate algo de tus ropas y tiéndete. Oh, tú eres muy alto.”

Luego yo le hice una pregunta más que ridícula.
“Disculpe señorita” –dije- ¿Podría irse a su casa ahora?”
“¿Ir a casa ahora? No, no puedo. Ahora hay toque de queda. Nadie puede salir a las calles hasta las 4 de la madrugada. ¿Pero por qué me lo preguntas? ¿Acaso no te gusto?”
“El problema no es si me gustas o no. Bien, si no puedes irte, supongo que no puedes ayudarme. Aquí, quiero que te acuestes aquí. Yo me acostaré también.”

Me quité algo de ropa interior y me acosté sobre el colchón. Ella se tendió cerca de mí. Luego la miré con una expresión muy seria en mi rostro y le dije: “Señorita, hay algo que yo quiero que usted me prometa.”
“¿Qué es?”
“Quiero que usted bajo ninguna circunstancia toque mi cuerpo durante toda la noche. Eso es lo que yo quiero que usted me prometa. ¿Puede hacerlo?”
“¿Cuál es el problema? Usted sí que es extraño. Yo también tengo que tener un poco de diversión, usted sabe.”
“Bien, comprendo como se siente. Pero las cosas son de este modo. Y necesito que usted me prometa que no me tocará.”

Entonces yo simulé caer en un sueño profundo y comencé a roncar. En realidad, estaba completamente despierto y mi corazón latía fuertemente. Por primera vez en mi vida estaba compartiendo una cama con un miembro del sexo opuesto.

Aunque no tuviera ninguna oportunidad de sobrevivir a la guerra, no quise tener sexo con ella, pues ya por ese entonces yo quería preservarme para la mujer que más tarde conocería y a la cual tomaría por esposa.

Tenía este principio muy arraigado, lo seguía de modo muy estricto y no quería romperlo ahora. A pesar de que en realidad era muy difícil compartir la cama con una mujer y no tocarla. Por eso quería que llegara pronto la mañana, pero los minutos parecían horas y esperaba ansiosamente a que despuntara el sol.

No podía contarle a la kisaeng el difícil momento que estaba teniendo. Ella gimió profundamente. Estoy seguro de que ella debió haberse preguntado cómo es que se había involucrado con un cliente tan extraño. Ella tampoco podía dormirse.

A las cuatro en punto luego de dar vueltas y más vueltas en la cama, finalmente salí de allí. Me levanté primero y comencé a vestirme con el uniforme. Ella también salió de la cama para vestirse.
Cuando ya estaba listo para partir, ella me miró con una sonrisa dibujada en su rostro y dijo: “¿Puedo preguntarte algo?”
“¿Qué?”- repliqué.
“¿Eres impotente?”
“¿Qué? ¿Tú quieres saber si yo soy impotente?”- Yo comencé a reír muy fuerte y le dije: “Bien, puede que lo sea.” Luego dije: “Lamento haberte hecho pasar por una situación tan difícil la noche pasada. Tengo algo aquí que quiero que te lo quedes. Este sobre contiene el salario completo desde la última vez que me pagaron. Es la paga de un mes. Quiero que lo tomes y compres con él algo lindo para ti.”

Ella pareció quedar perpleja con mi sugerencia.
“¿Tú quieres darme la paga de un mes? Yo no puedo aceptarla. Además ya me pagaron. Por favor, quédate con tu dinero.”

Sin embargo yo insistí en que ella tomara el dinero.

“Yo sé que ya te han pagado, pero esto es algo diferente. Esto es algo que yo quiero darte a ti personalmente. Puedes tomarlo como una forma de compensarte por el mal momento que te he hecho pasar. Además estoy a punto de regresar al campo de batalla. ¿Qué uso le daré a la paga de un mes si ni siquiera sé si viviré para llegar a ver el día de mañana? Vete y llévatelo. Usalo para cualquier cosa que quieras. Pienso que eres muy hermosa y estoy muy feliz de haberte conocido.”

“Tú pareces una persona muy linda”- dijo ella. “Y también eres guapo. ¿Cómo pudo ser que te volvieras impotente? Eso es realmente muy malo. Probablemente no serás capaz de contraer matrimonio.”

Sonreí, pero no dije nada. La escolté hasta la puerta y luego a la salida. Cuando se iba se daba vuelta para mirarme y se despedía de mí con reverencia.

En el desayuno, mi superior quiso saber sobre si había disfrutado del momento y quería saber cómo había sido.

Yo le respondí: “Fue fantástico. Tuve realmente un buen momento la noche pasada y ahora estoy listo para salir a combatir duro nuevamente.”

Para mi es una cuestión de fe. Algunos pueden llamarlo superstición. Pero sentí que por alguna razón celestial había sido protegido de una muerte segura en el campo de batalla, por haber sido estricto sobre no tener relaciones sexuales con ninguna mujer, esperando a la mujer que un día conocería y con la que un día me casaría.

Más tarde cuando me uní al Movimiento de Unificación descubrí que: De hecho así es en verdad.

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La gran batalla en el Madison Square Garden

(Tomado del libro: MESSIAH - My Testimony to Rev. Sun Myung Moon - Volume I - Dr. Bo Hi Pak – pages 303-306 –Traducido por Liliana Karlsson)

El autor tradujo para Rvdo. Moon en la reunión del Madison Square Garden en 1974.

Durante mis veinticinco años que traduje para Rvdo. Moon, el discurso más memorable y más difícil para mí fue el que dio en Madison Square Garden el 18 de septiembre de 1974. Esta reunión era parte de la estrategia para penetrar en la ciudad de Nueva York. Después de esta reunión, todos en Nueva York habían, por lo menos, oído hablar del Rvdo. Moon.

Mientras que la Iglesia de Unificación fue a la ofensiva, ciertos cristianos que nos veían como herejes montaron un esfuerzo sin precedentes para oponerse a nosotros. En el día de la reunión, sesenta mil personas vinieron a Madison Square Garden a oír a Rvdo. Moon, aunque solamente veinticinco mil pudieron ser admitidos. La mayoría de la gente, por lo tanto, tuvieron que irse sin poder entrar. Sin embargo, un grupo de personas opuesto a la Iglesia de la Unificación utilizó el trabajo de obtener una gran cantidad de boletos por adelantado y de sentarse en las secciones estratégicas de las tribunas.

Una vez que las actuaciones del programa terminaron y el Rvdo. Moon fue al escenario, los opositores en las tribunas comenzaron una demostración enorme, gritando, " ¡Herejes, fuera de aquí! " y " ¡Anti-Cristo, fuera!" El hall entero entró en confusión.

Primero Rvdo. Moon intentó tratar con ellos calmadamente, pero la intención de los manifestantes desde el comienzo era hacer imposible que Rvdo. Moon proceda con su discurso. En un esfuerzo por callar a los perturbadores, dijo Rvdo. Moon: "Quisiera cantarles una canción."

La mayor parte de la audiencia dio la bienvenida a esto con un aplauso, pero los opositores siguieron gritando. "¡Herejes de la Iglesia de Unificación, fuera!" "Vayan a casa"

Lo que era más decepcionante para mí fue ver que la mayoría de los manifestantes eran norteamericanos-coreanos. Los norteamericanos de otros orígenes étnicos en la audiencia no sabían qué pensar. Pronto, comenzaron a irrumpir reyertas (peleas) entre la gente de la audiencia. Parecía como si la situación podía deteriorarse y llegar a hacerse un alboroto general.

Vi al Rvdo. Moon verter una lágrima mientras miraba esta situación, pero pronto sus lágrimas se tornaron en ira. Él gritó en coreano, "Calma por favor. Estados Unidos es un país que reconoce la libertad religiosa. Si ustedes quisieran oponerse a mí, entonces están bienvenidos a hacerlo después que hayan oído lo que tengo que decir. Primero, les pido que ustedes me escuchen. Están siendo muy groseros hacia las miles de personas que vinieron hoy a oírme."

Traduje estas palabras con ira, y la mayor parte de la audiencia apoyó a Rvdo. Moon con un gran aplauso. Desde ese momento, el Rvdo. Moon presionó con su discurso y se rehusó a ceder ante la oposición. Él hablaba con tal fuerza que me recordó a veces a las olas enormes del océano estrellándose contra una costa rocosa. Otras veces, sus palabras eran como el viento y la lluvia en un tifón. El Padre se paró en tierra con la autoridad de Dios y comenzó a declarar la Palabra de Dios. Él no prestó ninguna atención al hecho de que su vida podría estar en peligro. Acaba de verter cada onza de su energía espiritual y física y puso a la audiencia bajo control.

Pronto, el Rvdo. Moon comenzó a dominar a la muchedumbre de veinticinco mil personas con su entrega valiente y voz atronadora. Los perturbadores descubrieron que ‘el viento fue sacado de sus velas’ y comenzaron a perder el ánimo. La atmósfera era tal que parecía que estaban en peligro de ser golpeados por Dios. Para el tiempo en que Rvdo. Moon había hablado alrededor de media hora, la audiencia estaba totalmente callada. A partir de entonces, algunas personas comenzaron a gritar, estando de acuerdo: "¡Usted tiene razón! ¡Usted tiene razón!" y “¡Amén! ¡Amén! "

Durante su discurso de dos horas, Rvdo. Moon caminaba alrededor del escenario, moviéndose a la izquierda y a la derecha, hacia adelante y hacia atrás, y alrededor. Él gesticulaba fuertemente para acentuar sus puntos, agregándose a su manera autoritaria. Rvdo. Moon demostraba el mismo corazón y fortaleza que Jesús cuando volcó las tablas de los vendedores en el templo. Él estaba dejando que la ira del Cielo estallara a través de él. Las palabras que habló, sin embargo, no contenían ninguna malicia. Eran, en cambio, palabras de amor. Yo podía ver que su corazón se había desgarrado al ver miembros de la comunidad coreana en EEUU actuando de una manera tan terca.

Para el tiempo en que él se acercaba al final de su discurso, todos estaban concentrados y atentos a cada palabra. La audiencia estaba totalmente silenciosa. Habían venido esperando participar de un renacimiento religioso estándar, pero eran testigos de algo enteramente diferente. Habían experimentado la ira y el amor de Dios.

Tuve que interpretar para Rvdo. Moon durante este proceso entero increíble, sin una sola página de discurso preparada. ¿Podía yo transmitir siquiera un décimo de lo que él dijo? Vertí cada onza de mi ser en intentar transmitir la ira y el amor de Dios en las palabras del Rvdo. Moon. Me aferré a la actitud que había aprendido con mi revelación, y sobrellevé esta batalla feroz según los principios celestiales de traducción.

Cuando llegó la hora de que Rvdo. Moon dé su saludo final a la audiencia, mis piernas se sintieron repentinamente débiles. Rvdo. Moon acabó su discurso y dejó el escenario, pero yo me encontraba incapaz de mover las piernas. Un par de miembros en los costados vieron que yo estaba a punto de caerme y rápidamente vinieron a ayudarme a salir de allí e ir a un cuarto. Quise inmediatamente felicitar a Rvdo. Moon en su gran victoria. Quise luego pedirle disculpas por no tener la capacidad de traducir completamente sus palabras para un acontecimiento tan importante. Todavía tengo el programa que Rvdo. Moon firmó para mí ese día.

Tomó otras veinticuatro horas antes de recuperar suficiente fuerza para pararme por mí mismo. Aunque no podía levantarme, mi corazón desbordaba de alegría. Estaba lleno de gratitud y de felicidad. Al mismo tiempo, sentía ganas de llorar. Éstas eran lágrimas de gratitud, gratitud que Dios había hecho posible que yo cumpliera mi misión y lágrimas de pesar. Lamentaba mucho no haber podido estar mejor preparado para este día.

Me dicen algunas personas que en Corea se refieren a mí como "la mejor persona de habla inglesa de Corea." Esto no es así. Nunca he estudiado en una universidad norteamericana, ni logré ningún grado académico en EEUU. Ahora hay muchos coreanos en EEUU que han recibido sus doctorados en literatura norteamericana e inglesa. Pienso que la razón que la gente ha llegado a referirme de esta manera es porque recibí una clase muy especial de entrenamiento. Tuve que dedicar mi cuerpo y alma enteros en traducir las palabras espirituales de Rvdo. Moon. Dudo que otra persona en el mundo haya tenido la experiencia de traducir por veinticinco años para alguien tal como Rvdo. Moon, quien es un profundo maestro y filósofo religioso.

La cantidad total de sudor que transpiré mientras traducía para Rvdo. Moon llenaría probablemente varios barriles grandes. Al final de cada reunión, mi camisa estaba tan empapada de sudor que el agua chorreaba cuando la sacaba hacia fuera.

Haciendo frente al desafío de traducir en tales situaciones intensas una y otra vez, aprendí gradualmente las mejores maneras de expresar mis sentimientos en inglés. Éste es uno de los regalos preciosos que Rvdo. Moon me ha dado.

Este entrenamiento me sirvió algunos años más tarde cuando el Subcomité de la Cámara de Organizaciones Internacionales me hizo blanco de una investigación injusta y fui forzado a una confrontación cara a cara con el Rep. (Diputado) Donald Fraser. La historia de ese enfrentamiento y de cómo se me llegó a conocer como "El orgulloso coreano”, se cuenta en el capítulo trece."

(Tomado del libro: MESSIAH - My Testimony to Rev. Sun Myung Moon - Volume I - Dr. Bo Hi Pak – pages 303-306 –Traducido por Liliana Karlsson)

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Los 13 mandamientos del Doctor Bo Hi Pak

1. Dios me dio una vida buena, una maravillosa familia, salud excelente y una divina misión que cumplir. El me ha guiado a través de muchas dificultades, caminos, a través de muchas batallas imposibles hacia la victoria. El ha protegido mi vida milagrosamente, tantas veces y en tantas situaciones que parecían sin esperanza. Por lo tanto, mi vida Le pertenece, no me pertenece a mí. Creo que El tiene un propósito definido por el que me ha permitido continuar viviendo. Quiero vivir el resto de mi vida para hacer lo que El diga.

Vivo mi vida con gratitud eterna. Aunque mi vida termine en cualquier momento, moriré con absoluta gratitud al Dios Todopoderoso que ha sostenido mi vida hasta ahora y me ha permitido lograr tantas cosas. Cualquiera que sea la largura de mi vida, a partir de ahora, la consideraré como Su gracia. La dedicaré completamente para Sus propósitos.

2. Estoy eternamente en deuda con nuestros Padres Verdaderos porque son ellos los que me han enseñado a cerca de Dios, me han otorgado la resurrección y dado vida eterna. Incluso si algunas veces siento que me abandonan, me atacan y abusan de mí, lo hacen solamente con un corazón de padres. Recibiendo y aceptándolo con agradecimiento todas mis iniquidades serán perdonadas, mis pecados, mis defectos.

Los Padres Verdaderos ya me han dado tanta vida. Incluso si me quitaran todo, todavía estaría agradecido por lo que soy - un Hijo de Dios y de los Padres Verdaderos. ¿Cómo podré jamás pagarles esta deuda? Siempre seré su hijo. Moriré solamente en esa calidad, un Hijo de Dios y un Hijo de los Padres Verdaderos.

3. Soy el maestro de mi propia vida. Responsable de mi vida. No tengo a nadie que culpar. Una vez que tenga un propósito y absoluta fe en El no hay nada imposible. Cualquiera que sea la meta incumplida, es solamente porque yo me he limitado a mí mismo no abriéndome a todas las nuevas posibilidades y persiguiéndolas.

4. Mi vida es cumplir el amor. Amor verdadero. Practico amor verdadero con mi familia, mis vecinos, mis compatriotas, y con toda la humanidad. Amo a mi Dios y a los Padres Verdaderos con todo mi corazón, mi mente y mi alma. Amo a mi prójimo como a mí mismo. No hay mayor amor que aquel que da la vida por su prójimo.

5. Vivo mi vida en completa alegría. Celebro mi vida cada día. Amando y sirviendo a los demás conseguiré mi alegría. Haciendo el bien por amor a los demás, viviré feliz. Cumpliendo la Divina tarea que me ha sido confiada sentiré que soy valioso.

6. No permitiré a nadie que haga mi vida miserable. Viviré con dignidad y autorespeto. Es mi derecho otorgado por Dios. También yo respeto este derecho en los demás. Tendré completo dominio de mis circunstancias, situaciones y ambiente. Evitaré siempre las circunstancias que me desanimen. Siempre seré como una dinamo, impartiendo calor, poder y positivismo a los demás para que sean tocados e inspirados por ello.

7. Realizaré mi trabajo como si mi vida dependiera de ello. No habitaré en el pasado. Viviré mi futuro ahora. Crearé un conjunto de nuevas posibilidades para mí mismo, sabiendo que esas posibilidades son ilimitadas y que depende de mí el realizarlas.

8. Mi palabra es lo que soy. Declararé mi palabra y permaneceré firme en ella. Mi palabra nunca caerá vacía. Por ello, solamente hablaré cuando tenga compromiso y dedicación. Seré conocido como un hombre de palabra.

9. Sé que soy una persona sana. Cuando pienso que no estoy sano, entonces me transformo en alguien enfermo. Cuando pienso que estoy sano, estoy sano. Dios, permíteme vivir una vida larga porque tengo muchas cosas por hacer. Invertiré en mi salud porque este es mi primer deber con mi Dios, los Padres Verdaderos, mi familia y el resto del mundo. Porque estando sano, tengo la posibilidad de amarles, todo porque mi salud es mi único bien. Sin ella, no puedo servir a la humanidad. Dios me encargó que me cuidase a mí mismo. Debo vivir una vida disciplinada.

10. Cuando muera, quiero haber sido completamente utilizado. Entonces no habrá desperdicio en mi vida. Mientras trabaje más duro, más viviré. Disfruto de mi propia vida. Cuando muera, quiero ser recordado como una persona que amó genuinamente a los hombres, que amó a Dios y a los Padres Verdaderos. Mi verdadero regalo a la humanidad son mis buenos hijos y nietos a quienes dejo atrás para que continúen llevando mi antorcha que quemándose brillantemente.

11. Una de las metas de mi vida es unir mi país dividido. La unificación es, según yo lo siento, una destinada misión histórica que Dios me ha otorgado. Con Su ayuda, cumpliré nuestra unificación nacional durante mi vida. Jugaré un papel importante en ella.

12. No odio a nadie. No tengo resentimiento contra nadie. No critico o traiciono a nadie. No guardo rencor en contra de nadie.

Estos son venenos mortales que solamente me envenenarían a mí. Aunque hay muchos enemigos mortales allí fuera, creo que Dios me defenderá. Al final habrá justicia. Si no la veo mientras estoy en la tierra, entonces la veré en el cielo. "Aunque camine por el valle de sombra de muerte, no temo, porque Tu vas conmigo" (Salmo 23)

13 Al mismo tiempo, nunca me rendiré y nunca cederé. Nunca me retiraré. Nunca vacilaré. Nunca me dormitaré. Nunca temeré. Nunca temblaré. Nunca me rendiré, sabiendo que la victoria final es mía. Seguiré hacia adelante y aseguraré mi victoria. Daré gloria a Dios, a los Padres Verdaderos y daré honor a mi familia y a mí mismo. El amor verdadero es mi espada de victoria.

Datos personales

Mi foto
Autor y educador español (1952 - ) felizmente casado con Teresa Chávez, dos hijos varones. Datos biográficos en: http://jesus-gonzalez-losada.blogspot.com/ - Magíster en Matrimonio y Familia por la Universidad de Navarra. - Director en Uruguay de la Fundación Educativa para la Paz: - http://educacion.co.nr/ - Autor de varios libros y ensayos publicados en distintos medios